martes, 6 de mayo de 2014

Video-crónica de la ruta mixta 4x4 y motos trail por Portugal (Parte I)

Primera parte de la video-crónica de nuestra ruta offroad 4x4 en Nissan Patrol y motos trail de Madrid a Oporto y vuelta, pasando por Valencia de Alcántara, Almeirim, Sesimbra / Playa de Meco, Nazaré, Leiria, Serra da Estrela y Penalva do Castelo.

Como ya os avanzamos antes de semana santa, nos habíamos propuesto realizar una ruta offroad con nuestro nuevo Nissan Patrol y motos trail. Al final, aunque tuvimos bastantes tramos de campo, debido a que no hemos podido ir todas las personas todos los días, también hemos tenido enlaces de carretera para unir las zonas que queriamos ver y las zonas donde hemos ido agrupándonos y desagrupándonos durante el viaje. Quizá por esto la narración pueda ser un poco caótica aunque esperemos que sea amena y divertida (como por otro lado ha sido la ruta que hemos hecho).

Ruta offroad 4x4 y motos trail por Portugal (Parte I) from La aventura es la aventura on Vimeo.

Etapa 1: Acercándonos a la frontera y el primer contratiempo.

Como en toda ruta que se precie, sobre todo si te quieres desplazar lejos, la primera parte puede conllevar largos tramos de autovía. Si a esto le unes que te tienes que mover a la velocidad de un Nissan Patrol RD28 (para llevarlo tranquilo entre 100 y 110 km/h) el viaje te lo tienes que tomar con paciencia. Pero como siempre que uno comienza una ruta, las ganas de empezar suplen cualquier posible incomodidad.
Con estas premisas quedamos en una gasolinera de la carretera de Extremadura Pablo, Luis (en moto) y Richi (en el Patrol) el viernes después de currar hacia la hora de comer. Por suerte, salvo en la zona de Alcorcón, no encontramos demasiado atasco y salimos de Madrid sin dificultades, parando para comer a unos 150 kms y continuando camino. Teníamos que llegar a San Vicente de Alcántara, así que la única opción era ir avanzando lo más posible por autovía, tomando la ruta que desde la A5 va hacia Plasencia, para luego tomar la A66 dirección Cáceres. En esas estábamos cuando de repente la moto de Luis comenzó a ahogarse y a amagar con pararse, por lo que nos paramos en el arcén. La cara de Luis era una mezcla entre cabreo y decepción, porque era el mismo problema por el que hace menos de dos años, y también de viaje a Portugal, tuvo que cambiar la bomba de gasolina de la moto, y encima nos pasaba nada mas comenzar el viaje, al igual que la otra vez. ¡Dios, parecía estar gafado!. Conseguimos hacer unos kilómetros más para llenar el deposito con gasolina (lo que suele solventar el problema) mientras el Patrol seguía avanzando lento pero seguro. Por suerte no volvió a fallar y nos volvimos a unir todos cerca de San Vicente de Alcántara, aunque con la moral un poco por los suelos.
Por si el día no iba ya un poco del revés, no había alojamientos en San Vicente de Alcántara y tuvimos que desplazarnos a Valencia de Alcántara, donde nos alojamos sin mas problemas y nos fuimos a tomar algo y a cenar para olvidar las penas, mientras intentábamos decidir qué hacer al día siguiente. Y como entre cabreos y que habíamos madrugado estábamos ya bastante cansados, lo que decidimos fue posponer la decisión hasta el día siguiente, que las cosas frescos se ven de otra manera.




Etapa 2: A tomar por... ¡la aventura es la aventura!

¿Que la vida te da limones? Pues haz limonada. No íbamos a renunciar a nuestra ruta el primer día, así que seguimos con el plan inicial y si la moto de Luis se paraba, pues nos pararíamos a fumar un cigarro y la dejaríamos enfriar. Total, ¡nadie nos esperaba en casa!. Después de un ligero desayuno (comparado con los atracones que veréis más adelante) nos desplazamos a San Vicente de Alcántara, donde mientras Richi se acercaba a comprar víveres para comer en el campo, Luis y Pablo se disponían a la liturgia habitual de las motos (mover el manillar, etc ...), a la que esta vez se sumaba el cambio de rueda delantera por unos tacos mas camperos en la moto de Luis, ya que aprovechando que había un coche se la había traído desde Madrid.



Sobre las 11:30 con todo en perfecto estado de revista (bomba aparte) nos dirigimos al inicio del track que discurría por unas pistas de servicio de las fincas que rodean San Vicente. Era la hora del calentamiento para las motos y de comenzar a probar el Patrol en el terreno para el que de verdad estaba hecho. Unas pistas sencillas pero muy bonitas, aunque con algún trozo de grandes piedras de granito, por las que las motos subían sin problemas y el coche mas aún (no hizo falta ni conectar la tracción a las cuatro ruedas). Esta zona prácticamente seca dio acceso a una carretera desde la que, tras no más de 100 metros accederiamos a la pista por la que cruzaríamos la sierra (y con ello la frontera) que ya nos daría acceso a Portugal.


El principio de la pista estaba en bastante mal estado por el barro. Aunque llevaba tiempo sin llover, la zona estaba entre árboles y bajaba un pequeño regato, lo que unido a unas considerables roderas hicieron que pasar los primeros cien metros precisase de un pequeño estudio. Las motos con alguna que otra dificultad pasaron por el lateral de la pista esperando al final del tramo embarrado, cuando Richi se dispuso a pasar con el Patrol. Como era la primera dificultad que nos encontrábamos con el coche, y teniendo la referencia de nuestro querido Marbella, ante los primeros patinazos de las ruedas se activo el modo "croissant": agarrarse al volante con los brazos en posición de un croissant y zapatilla al gas. Todo iba bien hasta que intentó salir de las roderas, cosiguiéndolo sólo con las ruedas delanteras y quedando las traseras en los surcos. El resultado fue que el coche recorrió los últimos cincuenta metros de lado, entre dos paredes de piedra y con el gas a fondo, ante el acojone de los motoristas que lo veían acercarse como un obús por el espejo retrovisor. Primera lección aprendida, ja ja ja, si es que sólo aprendemos a base de errores, ¡pero eso es lo que nos caracteriza!.

Después de esto y alguna zona menos complicada de charcos y barro, aunque ya hubo la primera caída de una de las pesadas motos, la pista comenzó a subir por la montaña disfrutando de un paisaje precioso, apoyado por el magnífico día que estábamos teniendo contra todo pronóstico.  El terreno era bastante seco con mucha piedra suelta para coronar justo en la frontera entre los dos países.



La bajada por el lado portugués se fue convirtiendo en una trialera bastante sencilla para el coche, aunque algo mas técnica para las motos, teniendo que sortear algunas roderas provocadas por las lluvias y un desnivel importante, y claro, las motos no cuentan con la ayuda de la reductora... así que, a bajar de pie tirando de dosificación de frenos y equilibrio. Tiene su técnica pero bueno, en este caso ya teníamos experiencia en bajadas de ese tipo.

Tras un pequeño enlace por carretera para llegar al segundo tramo de pistas nos encontramos con el segundo problema importante (el primero era la bomba de gasolina) que podía condicionar nuestra ruta que habíamos organizado con tanta ilusión. Al iniciarla y tras hacer poco más de doscientos metros, nos cerró el paso una pickup cuyo conductor muy cabreado nos indicó que el terreno era privado y que no podíamos circular por allí. Nos volvimos por no discutir, aunque no muy convencidos del asunto y optamos por hacer un tramo de carretera para alejarnos de la zona hasta que atravesamos la ciudad de Portalegre. Nos quedamos un poco preocupados con el tema, porque aunque no queríamos dar mucho crédito a lo que nos había dicho respecto a los múltiples cotos, lo cierto es que tampoco queríamos provocar ningún problema ni meternos donde no debíamos.

Ya desde aquí retomamos el track por pistas anchas donde podíamos avanzar con agilidad, con la única pega de que había incontables agujeros que las motos podían esquivar, pero que hacían al Patrol ir saltando continuamente y haciendo la dirección muy imprecisa, dejando en clara evidencia que este no es el terreno en el que mejor se desenvuelve. Al rato pasamos cerca de un río y nos pareció un sitio estupendo para parar a recuperar fuerzas comiendo y bebiendo algo (ventajas de llevar un coche donde puedes llevar una nevera).

Después de este refrigerio la tarde se puso entretenida. Nada mas salir, cruzaba otro arroyo que tuvimos que vadear (aunque el suelo estaba cementado) y continuamos por pistas con algún charco, vadeando mas arroyos hasta que llegamos a una puerta de un cercado en medio de la vía. La abrimos para pasar y la volvimos a dejar cerrada, y tras salir por el otro lado repitiendo la misma operación acabamos llegando a una pista que discurría entre dos praderas valladas. A estas alturas Pablo iba guiando el "convoy", y al poco rato la pista era invadida completamente por un charco de unos ocho metros de longitud y desconocida profundidad, el cual debido al vallado no había posibilidad de pasarlo por un lateral. No teníamos claro si todo el camino continuaría así (había otro charco aún mas largo a la vista), pero tras el típico "pasa tú, no mejor tú", Pablo se tiró a la piscina (literálmente) y el charco estuvo a punto de tragárselo durante un instante, en el que la moto se hundió más de lo esperado. Por suerte pudo escapar hacia un lateral, donde cubría menos y ahí se quedó parado. La escena era graciosa: Pablo en el cieno intentando avanzar con la moto patinando, y Luis y Richi en el borde del charco pensando "más vale que salga porque como tengamos que entrar a ayudarle vamos directos a la ducha". Por suerte consiguió poco a poco salir del charco, pero entre todos decidimos que viendo el percal y la hora que era iba a ser mejor volver para buscar una alternativa más viable. Con un poco de esfuerzo Pablo consiguió desandar el camino atravesando el charco de vuelta, y tras volver a coger la pista principal sin muchos más problemas volvimos al asfalto a la altura de un pequeño pueblo llamado Do Chao.

Después de un magnífico café y una amena charla con la gente del bar sobre las 17:00 nos pusimos en marcha y decidimos avanzar un rato por carretera para buscar donde dormir. Tras un rato pasando por parajes en los que veíamos fuera de la carretera pinares con arenales muy parecidos a los de Segovia y por pueblos donde parecía que no veían pasar a gente que no fuera de allí durante años llegamos a Raposa, y después de preguntar nos dijeron que la opción mas cercana para dormir era en Almeirim. Tras ir para allá y encontrar rápidamente un hotel más que razonable, nos dimos una ducha y nos fuimos a cenar a un restaurante que nos recomendaron en el hotel. Ya nos advirtieron que las raciones eran bastante grandes, pero hay cosas que hasta que no las ves no te las crees.


Este bacalao nos dijeron que era para dos o tres personas, pero si pasáis por el restaurante O'Forno en Almeirim, os podemos asegurar que de ese plato comen tranquilamente cinco personas. Tras salir rodando de allí, nos quedaron las fuerzas justas para dar una pequeña vuelta y tras acercarnos a la gasolinera que había enfrente de nuestro hotel a comprar una bombilla para el Patrol y nos fuimos a dormir para recobrar fuerzas para el día siguiente.


Etapa 3: Algo de enlace de carretera y los espectaculares acantilados de Meco.

A la mañana siguiente, después de desayunar en el hotel volvimos por carretera a Raposa para retomar el track que habíamos abandonado el día anterior. Pero nada mas empezar, nos topamos con un cartel que indicaba "Propiedad privada". No es la mejor forma de empezar la jornada, pero como teníamos buen ánimo decidimos rodear por carretera para enlazarlo más adelante (tras un intento de hacerlo por pista para ir a desenbocar a una valla y tener que desandar el camino).

El track discurría entre carreteras comarcales y pequeños tramos de pista con algún banco de arena que aparecía de improviso, y que hizo que tanto Luis como Pablo tuvieran algún pequeño amago de irse al suelo que pudieron salvar enroscando el gas (el Patrol por aquí iba en su salsa). Los pequeños tramos de pista desaparecieron al acercarnos a Lisboa y continuamos un rato por comarcales hasta que decidimos cambiar la ruta original para no atravesar Lisboa, puesto que no veíamos que hubiera muchas mas pistas este día. Así que ya por carretera, bordeamos la capital hasta el municipio de Sesimbra, y de ahí nos dirigimos al espectacular cabo Espichel, por donde teníamos una zona de pistas marcadas. Como llegamos al cabo a la hora de comer, pensamos que que mejor lugar para sacar la barra de bar del Patrol y prepararnos un picnic  al borde del acantilado con la imagen del faro de fondo.




Con las fuerzas (y el espíritu) repuestos, nos pusimos en marcha para acercarnos al faro, donde salía un laberinto de pistas en el que estuvimos dando vueltas hasta darnos cuenta de que no tenía salida. Tras un momento en el que las motos y el coche acabaron cada unos por su lado, desandamos un poco el camino para tomar una pista que, creíamos, bajaba hasta la playa. La pista se dividía en dos, y para elegir el camino teniamos una pista que parecía normal (hasta donde se veía) y otra que bajaba por una trialera más o menos complicada. Decidimos ir por la que parecía más sencilla, no tanto por la bajada, sino más bien por si no tenía salida y había que volver subiéndola. La pista elegida se empezó a deshacer por momentos debido a los enormes surcos provocados por las lluvias, y mientras las motos esquivaban los agujeros el Patrol avanzaba como podía, hasta llegar a un punto en que Richi tuvo que meterlo en un agujero con las indicaciones de Luis para salir por el otro lado, porque ya no había forma de esquivar las zanjas, pero sin ningún problema para superarlo. Todo mereció la pena cuando llegamos al final de la pista. No había playa, pero llegamos a unos preciosos y solitarios acantilados con dunas, que a partir de ahora para nosotros quedarán bautizados como "las playas de El planeta de los simios". Los simios debíamos ser nosotros obviamente.






Tras parar un rato a disfrutar del paisaje y comentar la bajada, decidimos coger dirección a la carretera para ir buscando un sitio donde dormir, aunque la pista nos tenía reservado un último reto, una empinada rampa de bajada con roderas que llevaba al cauce seco de un arroyo, donde las motos bajaron con cierta dificultad y el Patrol más o menos a ciegas con las indicaciones desde fuera de Luis para evitar meter las ruedas en las roderas y buscarnos un problema. A esto le siguió un tramo de enlace de pista donde un inesperado banco de arena hace que Pablo casi acabe por los suelos delante de una familia de campistas, que celebraron con aplausos las derrapadas que evitaron tan indeseable suceso.

Ya en la carretera cogimos dirección a Meco, y tras unas preguntar en un camping y en un bar, nos recomendaron unos alojamientos cerca, donde por tan solo 40 euros nos ofrecieron un apartamento para los tres ... ¡¡¡ justo encima de una marisquería !!!

Al llegar no nos dejaron prácticamente ni descargar, pues había unos amables portugueses tomando algo (por lo contentos que estaban debían llevar allí un buen rato) que nos invitaron a sentarnos con ellos y tomar unos vinos, mientras comentábamos sobre coches, la crisis, lo divino y lo humano. Para no perder las buenas costumbres, cuando les dijimos que en unos días iríamos a la Sierra de Estrela, nos comentaron que eran de un pueblo de allí y nos recomendaron un sitio para comer que apuntamos con cariño, y del que ya veréis imágenes mas adelante.

Podemos prometer que no lo hacemos a proposito, pero cuando salimos de ruta acabamos saliendo a atracón diario (si no más de uno), y como no podía ser de otra forma, después de una ducha y ver en el bar la carrera de Moto GP, nos dispusimos a cenar una rica cataplana de calamares (especialidad de la casa) y Luis un pescado a la plancha con verduras al vapor.


No era todavía muy tarde, así que al salir volvimos al bar y pedimos algo que podría parecerse a unos gin-tonic, mientras comentabamos lo bonita que era la zona, y preparabamos el plan para el día siguiente.


Etapa 4: Las arenas movedizas, donde te lleve una excavadora no te lleva nadie y la reunificación.
A la mañana siguiente, nos levantamos bastante temprano, porque teníamos que desandar hacia el norte bordeando Lisboa para no pillar mucho tráfico. En parte lo conseguimos hasta llegar a unos pueblos de las afueras, donde tardamos un buen rato en avanzar no mas de 50 kilómetros.

Queríamos acercarnos a la costa por la zona de Casais do Baleal, una pequeña población con una preciosa playa, principalmente de surferos, donde llegamos a la hora de comer, con vistas al mar después de una mañana alternando carretera y cortos tramos de sencillas y buenas pistas que hacían de enlace entre éstas, sin ningún tipo de complicación. Relajación total hasta este punto. Después de una comida ligera y un buen café, nos volvimos a poner todo el equipamiento para seguir nuestra ruta. Parecía que íbamos a disfrutar de una tarde plácida, como la mañana, pero no.


Después de continuar brevemente por carretera en paralelo a la costa, atravesamos una pequeña urbanización donde el asfalto llegaba a su fin y nos recibía la tierra de nuevo pero con una clara advertencia: "Prohibido acercarse con vehículos a motor a los acantilados, bajo sanción de 3.000 a 30.000 euros".

Vale que no teníamos intención de salir del camino, pero coño, ya acojona. Y para suavizar la situación y quitarnos el "miedo", la pista ya empieza con una subida considerable con tierra suelta y curva a derechas con profundas roderas, para continuar con una pronunciada bajada en curva a izquierda de profunda arena de playa con agujero-trampa al final de regalo. Joder, si es que no habíamos bajado ni el café. Pablo dice que adelante, Luis que nunca lleva la contraria y Richi... bueno, a priori con el Patrol no tiene problema. Y efectivamente.... a priori. Pero a posteriori sí que lo tiene, puesto que en mitad de la bajada de arena, mientras Luis y Pablo están sacando las motos del agujero trampa de arena, decide que en vez de seguir la pista de bajada es mejor salir a la izquierda por un camino de profunda arena que baja a..... pues eso, ningún sitio. La situación era de todo menos cómica. Luis con un cabreo monumental, Pablo que no sabe ni qué decir, y Richi haciendo vagos intentos por salir de la trampa sin salida donde se había metido, y es que por mucho 4x4, reductora y recursos que lleves, subir una pendiente de arena de playa desde parado es imposible.


En realidad no, hay un recurso que sí te saca de estas situaciones, y como el dios de la fortuna ese día se aburría, se vino con nosotros de ruta y se sacó de la manga.... ¡una excavadora!. Sí, efectivamente, era la única excavadora que habíamos visto en cientos de kilómetros y estaba apenas a 200 metros de nosotros. Gracias a este hombre y a su poderosa máquina, el Patrol pudo salir de su trampa, y no fue necesario pasar allí la noche intentando sacar al monstruito.

Después de este incidente, nuestra ruta transcurría siempre en paralelo a la costa, haciendo pequeñas incursiones unos cientos de metros hacia el interior, hacia zonas más boscosas, pero no exentas de trampas, pues tan pronto nos encontramos charcos con profundas roderas que podíamos ir esquivando, como bancos de arena algo más oscura pero igualmente traicionera, hasta que finalmente las motos se vieron sorprendidas por uno de éstos últimos y de gran longitud. Después de conseguir avanzar muy lentamente unos cientos de metros, vimos que se hacía tarde y que la arena se hacía cada vez más profunda y en pendiente. Debido a esto y a no querer castigar los embragues más de la cuenta, decidimos buscar una alternativa retrocediendo un poco y cogiendo una pista alternativa que en un kilómetro aproximadamente nos llevó a la carretera.


Pocos kilómetros más adelante nos paramos a hidratarnos en un chiringuito sito en la orilla de una laguna, y desde ahí llamamos a Sergio y Diana, con los que habíamos quedado en Nazaré y que se unirían a nuestra ruta a partir del día siguiente. Cuando llegamos, allí estaban ellos esperándonos en un bar bastante mediocre, todo sea dicho. Buscamos un alojamiento para dormir, nos duchamos y salimos a cenar y a tomar algo mientras nos contábamos nuestras respectivas aventuras por separado. A partir del día siguiente, comenzaría la segunda parte de nuestro viaje con los dos nuevos integrantes.


Continuará...

1 comentario:

  1. Muy bueno el vídeo ¡Qué viaje más chulo!
    Besos,
    Marta.

    ResponderEliminar